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EDITORIAL: El cambio que no cambia para los perremeístas del PRM


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Con el decreto 461-25, emitido este domingo 17 de agosto, el presidente Luis Abinader dispuso cambios en su gabinete como parte de su nuevo mandato constitucional. A primera vista, la medida busca fortalecer áreas estratégicas de la administración pública en economía, comunicación gubernamental, protección social, movilidad y salud. Sin embargo, la lectura política deja al descubierto una amarga realidad: los dirigentes y las bases del PRM que hicieron posible el ascenso al poder no fueron tomados en cuenta.

En la práctica, lo que observamos es un simple enroque de funcionarios y reciclaje de figuras conocidas. Samuel Pereyra pasa del Banco de Reservas a REFIDOMSA, mientras Leonardo Aguilera se mueve de la Refinería a Banreservas. Lo mismo ocurre con los nombramientos en el área de comunicación, donde Félix Antonio Reyna asume la DIECOM, acompañado por Carlos Caminero en la Dirección de Prensa y Abel Guzmán Then como subdirector. Son profesionales con experiencia, pero no representan un relevo ni mucho menos una apertura hacia las bases partidarias que, con su sacrificio, dieron al PRM el poder.

En otras áreas sucede lo mismo: Edward Guzmán en SENASA, Rafael Pérez de León en INABIE, Onéximo González en OMSA, Kenia Guante como viceministra y Virgilio Cedano como asesor honorífico en salud. Todos nombres conocidos, algunos con méritos técnicos y profesionales, pero ninguno surgido de las entrañas del partido ni de las luchas territoriales que sostuvieron la candidatura presidencial de Abinader.

El mensaje que dejan estos decretos es claro: el “cambio” prometido por el PRM no ha llegado a quienes se fajaron en las calles, barrios y campos para conquistar el poder. En vez de premiar la lealtad política y la entrega militante, se sigue privilegiando a un círculo reducido de profesionales, aliados estratégicos y figuras cercanas al Palacio.

No se cuestiona la preparación de los designados, sino la falta de reconocimiento al mérito político de los perremeístas de base. Si este patrón se repite, el riesgo para Abinader será enorme: que sus propios dirigentes sientan que el “cambio” solo sirvió para que unos pocos se repartan el poder, mientras la mayoría de los que lo acompañaron se quedan fuera del escenario.

En política, la gratitud se traduce en participación y espacios. Si el PRM no corrige ese rumbo, corre el riesgo de repetir la historia de otros partidos que se fracturaron por olvidar a quienes construyeron su victoria. Y entonces, ese “cambio” que no cambia puede convertirse en la semilla de un desencanto colectivo con consecuencias irreversibles.

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