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EDITORIAL | El PRM se desintegra por traicionar a sus bases y gobernar dejando fuera a sus dirigentes


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El Partido Revolucionario Moderno (PRM) está comenzando a pagar un precio político extremadamente alto por uno de los errores más peligrosos y arrogantes que puede cometer una organización que llega al poder: olvidarse de quienes la llevaron al gobierno.

Hoy, ver al partido oficialista reducido a un 30.4 % de simpatía en el electorado dominicano no es casualidad, ni tampoco una conspiración de la oposición. Es la consecuencia directa de la soberbia, el desprecio y la desconexión de una parte importante de su dirigencia y de muchos funcionarios que, apenas tocaron el poder, cerraron las puertas, apagaron los teléfonos y comenzaron a actuar como una élite inalcanzable.

Miles de dirigentes de bases, militantes, aliados y colaboradores que dejaron “el forro en la calle” defendiendo el cambio prometido por Luis Abinader y el PRM, hoy se sienten humillados, marginados y traicionados. Muchos de ellos caminaron barrios, enfrentaron persecuciones políticas, invirtieron tiempo, dinero y hasta su tranquilidad familiar para construir el triunfo del 2020 y consolidar la victoria del 2024. Pero cuando llegó el momento de gobernar, fueron lanzados al zafacón del olvido.

Y ahí está el gran problema del PRM: sustituyeron a su gente por oportunistas, reciclados políticos y figuras que jamás creyeron en el proyecto del cambio. Mientras los verdaderos perremeístas esperaban ser escuchados y tomados en cuenta, muchos funcionarios prefirieron rodearse de adulones, arribistas y sectores que antes combatían al propio PRM.

La historia política dominicana ha demostrado que los partidos no se destruyen primero por la oposición; se destruyen desde adentro, cuando la cúpula pierde contacto con la realidad, abandona su militancia y convierte el poder en un club exclusivo para unos pocos privilegiados.

El deterioro político que hoy enfrenta el PRM tiene nombres y apellidos. La militancia señala directamente a sectores de la alta dirigencia y a funcionarios que han actuado con indiferencia, arrogancia y desprecio hacia las bases. Y aunque muchos quieran maquillarlo, la verdad es inocultable: el partido oficialista está sufriendo un desgaste acelerado porque una parte de su liderazgo confundió victoria electoral con poder eterno.

El pueblo dominicano y la base perremeísta comienzan a enviar un mensaje claro y peligroso: nadie es indispensable y ningún partido tiene garantizado el apoyo popular cuando se aleja de su gente.

Si el PRM no rectifica, si no desmonta la arrogancia gubernamental, si no vuelve a escuchar a quienes construyeron el cambio y si no recupera la humildad política que lo llevó al poder, podría terminar recorriendo el mismo camino de desgaste y caída que destruyó a otras organizaciones que también se creyeron invencibles.

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