
Analizando noticia con IA…espere un momento
RESUMEN
En política hay errores que cuestan caro, pero hay traiciones que destruyen partidos completos. Y lo que hoy ocurre dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) comienza a parecerse peligrosamente a una historia ya vivida en la República Dominicana: la del poder que se aleja de sus bases, desprecia a sus dirigentes y termina devorado por su propia arrogancia.
Miles de hombres y mujeres del PRM dejaron la piel en las calles para construir el triunfo del cambio. Enfrentaron al poder del PLD, soportaron persecuciones, sacrificaron tiempo, dinero, familias y reputaciones para llevar al presidente Luis Abinader al Palacio Nacional. Muchos caminaron barrios, campos y provincias defendiendo un proyecto político que prometía inclusión, oportunidades y participación para quienes nunca habían tenido voz.
Sin embargo, después de llegar al gobierno, gran parte de esos perremeístas fueron empujados al olvido, sustituidos por empresarios, tecnócratas, “popis”, figuras recicladas del peledeísmo y antiguos funcionarios de gobiernos que precisamente el pueblo rechazó en las urnas.
El más reciente ejemplo vuelve a golpear la moral de la militancia oficialista. El Decreto 293-26 designa a Rocío Isabel Vidal Caraballo al frente de URBE y al empresario José Miguel González Cuadra, vinculado al danilismo, como asesor del Ministerio de la Presidencia en materia urbanística. Y entonces surge la pregunta que retumba en cada comité, en cada provincia y en cada dirigente abandonado: ¿acaso en el PRM no hay gente preparada, capacitada y leal para ocupar esas posiciones?
La sensación que recorre las bases es devastadora. Muchos sienten que fueron utilizados como simples escalones electorales y luego arrojados al zafacón político una vez alcanzado el poder. Esa herida se profundiza cuando observan cómo antiguos adversarios políticos son premiados con cargos, privilegios e influencia, mientras quienes defendieron el cambio desde el primer día ni siquiera reciben una llamada.
La historia dominicana ha demostrado que ningún partido sobrevive mucho tiempo cuando desprecia a sus estructuras y humilla a sus dirigentes. El PRD vivió ese proceso. El PLD terminó destruido por la soberbia del poder. Y hoy el PRM parece caminar peligrosamente por la misma ruta.
Lo más grave no es solamente el nombramiento de figuras ajenas al partido. Lo verdaderamente alarmante es el mensaje político que eso envía: que la lealtad no vale, que el sacrificio no importa y que las bases solo sirven para buscar votos cada cuatro años.
Mientras la cúpula continúa rodeándose de élites y sectores reciclados del viejo sistema político, el descontento sigue creciendo silenciosamente en las entrañas del oficialismo. Y cuando un partido pierde la conexión con quienes lo sostienen desde abajo, comienza lentamente su proceso de caída.
Porque los gobiernos no se derrumban únicamente por la oposición. Muchas veces terminan destruidos por el abandono, la ingratitud y el desprecio hacia los propios.
