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EDITORIAL | Los humoristas: artistas olvidados por el Gobierno del cambio del presidente Abinader…


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Mientras el presidente Luis Abinader y el Ministerio de Cultura realizan reuniones, encuentros y acercamientos con merengueros, salseros, urbanos y figuras de la música nacional, hay un sector del arte dominicano que continúa siendo ignorado, marginado y tratado como si no existiera: los humoristas.

Sí, los mismos humoristas que durante décadas han llevado alegría al pueblo dominicano en medio de las crisis, las tragedias, los apagones, el desempleo y las dificultades sociales. Los mismos que llenan teatros, programas de televisión, plataformas digitales y escenarios populares. Los que han sido parte fundamental de la identidad cultural y del entretenimiento nacional. Pero, al parecer, para algunos funcionarios del gobierno, ellos no cuentan.

La pregunta es simple y contundente: ¿acaso los humoristas no son artistas? ¿No tienen familia? ¿No pagan impuestos? ¿No generan empleos? ¿No merecen apoyo, reconocimiento y respeto del Estado dominicano?

Resulta indignante observar cómo se organizan mesas de diálogo y encuentros culturales donde siempre aparecen los mismos sectores, mientras los comediantes y humoristas quedan fuera de toda conversación oficial, como si fueran ciudadanos de segunda categoría dentro del arte nacional.

En República Dominicana el humor no ha sido solo entretenimiento; ha sido crítica social, desahogo colectivo y hasta mecanismo de supervivencia emocional para millones de dominicanos. Los humoristas han hecho reír a un país golpeado muchas veces por la pobreza, la inseguridad y la incertidumbre. Sin embargo, hoy son tratados con indiferencia por quienes hablan de inclusión cultural y respaldo al arte.

Da la impresión de que los humoristas no tienen padrinos políticos ni dolientes dentro del gobierno del presidente Abinader. Y en este país, cuando un sector no tiene quien lo defienda en las altas esferas del poder, simplemente lo invisibilizan.

El Ministerio de Cultura no puede seguir actuando como si el humor dominicano no existiera. El arte no se limita al canto ni a la música. La comedia también es cultura. También educa, comunica y conecta con el pueblo.

Lo más preocupante es que muchos de esos humoristas han dedicado toda su vida a entretener al país y hoy enfrentan dificultades económicas, falta de oportunidades y abandono institucional. Algunos envejecen sin pensiones dignas, sin seguridad y sin respaldo, después de haber entregado su talento y su juventud a la televisión, la radio y los escenarios nacionales.

Un gobierno que dice respaldar la cultura debe incluir a todos los sectores artísticos, no solamente a los que tienen influencia política, poder económico o relaciones cercanas con funcionarios.

Porque el verdadero compromiso con la cultura no se demuestra con fotografías ni reuniones selectivas; se demuestra con inclusión, respeto y justicia para todos los artistas dominicanos, incluyendo a los humoristas, que también son parte esencial del alma y la identidad de la República Dominicana. Y eso, aunque muchos callen, hay que decirlo… sin cortapisa.

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