
La comunidad dominicana en Nueva York debe mantenerse alerta. Lo que está ocurriendo en estos momentos no puede verse como simples movimientos electorales aislados ni como una coincidencia política. Detrás de algunas decisiones y estrategias que se están ejecutando se percibe una clara intención de desafiar el liderazgo, la influencia y el poder que los dominicanos han construido durante casi cuatro décadas de trabajo, sacrificio y participación activa en la vida política, económica y social de la Gran Manzana.
La comunidad dominicana no llegó a ocupar espacios de poder por casualidad. Cada posición alcanzada en el Congreso, en las alcaldías, en los condados y en las instituciones públicas ha sido fruto del esfuerzo de generaciones de inmigrantes que lucharon para abrirse camino en una de las ciudades más competitivas del mundo.
Por eso, muchos observan con preocupación los movimientos dirigidos contra figuras dominicanas de gran arraigo político, entre ellas el congresista Adriano Espaillat y el presidente del condado de Brooklyn, Antonio Reynoso. Lo que está en juego trasciende los nombres y las candidaturas individuales. Se trata de la representación y el peso político que ha logrado acumular la diáspora dominicana en Nueva York.
Cuando se intenta debilitar a quienes han servido de voz y referencia para una comunidad, la discusión deja de ser únicamente electoral y pasa a convertirse en un debate sobre el futuro de la representación dominicana en los espacios de toma de decisiones.
Los dominicanos de Nueva York deben analizar con serenidad, pero también con firmeza, cada movimiento político que se produzca en los próximos meses. La unidad, la participación y la defensa de los espacios conquistados serán determinantes para preservar una influencia que costó décadas construir.
La historia ha demostrado que cuando una comunidad se divide, otros ocupan sus espacios. Cuando se duerme, otros deciden por ella. Y cuando no defiende sus conquistas, termina perdiendo lo que tanto esfuerzo le costó alcanzar.
La comunidad dominicana ha sido una fuerza determinante en Nueva York. La pregunta es si estará dispuesta a proteger ese legado o permitirá que otros definan su destino político.
Por eso la advertencia es clara: dominicanos de Nueva York, no se dejen dormir. Lo que está en juego es mucho más grande que una candidatura; es el futuro de la influencia política dominicana en la ciudad más importante de los Estados Unidos.


