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EDITORIAL | Sin Petrocaribe y con el petróleo caro, la estabilidad de RD depende de una alianza energética con Estados Unidos


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La República Dominicana vive hoy una realidad energética que no admite improvisaciones. Durante años el país pudo sostener cierta estabilidad en el precio de los combustibles gracias al acuerdo Petrocaribe, que permitía comprar petróleo a Venezuela con facilidades de pago, financiamiento a largo plazo y condiciones preferenciales que aliviaban la presión sobre la economía nacional.

Ese escenario cambió. Petrocaribe prácticamente desapareció con la crisis de producción venezolana y con el nuevo orden geopolítico internacional, dejando a países como la República Dominicana expuestos al mercado libre del petróleo, donde los precios dependen de conflictos internacionales, sanciones, tensiones políticas y decisiones de las grandes potencias.

En este contexto, la única salida responsable para garantizar estabilidad en los combustibles no es el populismo ni la nostalgia por acuerdos del pasado, sino lograr alianzas estratégicas en los mercados internacionales, y especialmente con el país que hoy tiene mayor influencia en el control energético global: los Estados Unidos.

El presidente Luis Rodolfo Abinader tiene ante sí un reto determinante.
Si logra una negociación inteligente y una alianza firme con el presidente Donald Trump y con el gobierno norteamericano, la República Dominicana podría asegurar mejores condiciones de suministro, mayor seguridad energética y menos presión fiscal por los subsidios a los combustibles.

Pero si esa alianza no se concreta, el gobierno dominicano tendrá dificultades serias.
Sin Petrocaribe, sin petróleo preferencial y con un mercado internacional cada vez más inestable, el Estado se ve obligado a gastar miles de millones en subsidios para evitar que el costo del combustible se dispare, afectando directamente al transporte, los alimentos, la electricidad y el costo de la vida.

La política energética hoy no se decide solo en las refinerías, se decide en la diplomacia.
Y en el mundo actual, ningún país pequeño puede garantizar estabilidad sin acuerdos con las grandes potencias.

Por eso, más que nunca, el gobierno dominicano debe entender que la seguridad energética es seguridad económica y también seguridad política.

Si el presidente Abinader logra una alianza estratégica con Estados Unidos, el país podrá navegar en medio de la tormenta internacional.

Si no lo logra, la República Dominicana tendrá que enfrentar tiempos difíciles en el precio de los combustibles, en las finanzas públicas y en la estabilidad social.

En el nuevo orden mundial, el petróleo sigue siendo poder… y quien no negocia bien, paga caro.

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