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RESUMEN
La gestión del Ministerio de Medio Ambiente bajo la dirección de Paíno Henríquez, en el gobierno del presidente Luis Abinader, ha despertado fuertes cuestionamientos entre ambientalistas, comunitarios y sectores preocupados por la protección del patrimonio natural del país. La percepción que crece con fuerza es que la institución, lejos de fortalecerse, parece cada día más vulnerable frente a intereses particulares que ven los recursos naturales como un negocio y no como un bien sagrado de la nación.
Diversas denuncias públicas apuntan a permisos cuestionables, operaciones extractivas sin control efectivo, presiones de grupos económicos y una evidente incapacidad para detener la degradación que sufren bosques, ríos, montañas y áreas protegidas. Cada vez son más las voces que advierten que el Ministerio, en lugar de actuar como guardián del medio ambiente, estaría siendo sobrepasado —o permitido ser sobrepasado— por sectores cuyo comportamiento bordea la depredación.
No se trata solo de errores administrativos: se trata de una sensación generalizada de que los actores que deberían defender la naturaleza terminan favoreciendo a quienes la ponen en riesgo. Esa percepción, aunque incómoda, no puede ignorarse. Y cuando una institución clave pierde autoridad moral y técnica, el daño se multiplica en todo el territorio nacional.
Resulta evidente que el Ministerio de Medio Ambiente necesita un liderazgo firme, transparente y capaz de resistir presiones. Un liderazgo que inspire confianza, que priorice la preservación por encima de cualquier interés económico coyuntural, y que actúe con la valentía que demanda un país cuyas áreas protegidas viven bajo asedio constante.
El presidente Luis Abinader ha insistido en que su gobierno apuesta por la institucionalidad y la protección del medio ambiente. Pero esa visión no puede hacerse realidad mientras el organismo encargado de velar por los recursos naturales permanezca atrapado en la ineficiencia, en la permisividad o en manos de personas que no están a la altura del desafío.
La República Dominicana necesita un Ministerio de Medio Ambiente fuerte, ético y comprometido. Uno que escuche a las comunidades, respalde a los técnicos, enfrente a los depredadores y marque límites claros a los intereses que amenazan el futuro ecológico del país.
La naturaleza no se defiende sola. El país espera acciones.
