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RESUMEN
Por: Marino Beriguete
Vivimos en una época en la que resulta sencillo tener contactos, pero cada vez más difícil conservar amistades verdaderas. Las redes sociales multiplican los nombres que aparecen en una pantalla, mientras la vida cotidiana demuestra que la confianza continúa siendo uno de los bienes más escasos. Esa contradicción define buena parte de nuestro tiempo.
Las sociedades siempre han necesitado amigos. Sin embargo, el crecimiento del individualismo, la competencia y la ambición económica han modificado la forma en que muchas personas entienden esa palabra. Hoy no faltan quienes permanecen cerca mientras todo marcha bien, pero desaparecen cuando la dificultad exige sacrificio, tiempo o lealtad.
He conocido esa realidad. La he visto en personas que confundieron la amistad con la conveniencia y aprovecharon momentos de debilidad para obtener algún beneficio. No guardo rencor por ello. Simplemente comprendí que la conducta de los demás no debe cambiar los principios con los que uno decidió vivir.
Prefiero conservar mi palabra antes que obtener una ventaja pasajera. Prefiero mirar de frente a un amigo sin sentir vergüenza antes que acumular dinero a costa de traicionar una confianza. Esa tranquilidad no tiene precio y ningún éxito material puede reemplazarla.
Aprendí esa forma de entender la amistad en mi pueblo, en el sur dominicano. Allí la palabra amigo tenía un significado concreto. Cuando alguien llamaba para pedir ayuda, la primera respuesta no era preguntar cuál era el problema. La primera respuesta era dónde estaba para acudir a su lado. Después habría tiempo para conocer los detalles.
No ignoro que los tiempos cambian y que las personas cambian con ellos. Pero existen valores que solo conservan su fuerza cuando alguien decide practicarlos incluso en circunstancias adversas.
Por eso, quienes todavía tengan un amigo verdadero deberían cuidarlo con el mismo esmero con que protegen a su familia. Los bienes materiales pueden recuperarse, el dinero puede volver y las oportunidades pueden repetirse. La confianza de un amigo, cuando se pierde por ambición o deslealtad, casi nunca encuentra el camino de regreso. La amistad sigue siendo una de las mayores riquezas humanas. Porque al final la verdadera amistad no se mide por promesas, sino por la presencia constante en silencio.
Demuéstrame que estoy equivocado.
