
San Juan, RD. — El rechazo es contundente. En las calles, en las redes y en el sentir colectivo de la provincia, los nombres de Óscar Medina y Danny Alcántara han pasado de ser referentes mediáticos a convertirse en figuras no gratas para gran parte del pueblo de San Juan, tras sus polémicas declaraciones a favor del Proyecto Romero y la explotación minera en la zona.
Las palabras de ambos comunicadores han sido interpretadas como una afrenta directa contra los intereses, la dignidad y la seguridad ambiental de una provincia históricamente golpeada por el abandono estatal y que hoy levanta su voz en defensa de sus recursos naturales.
Óscar Medina desató una ola de indignación al afirmar que, si los sanjuaneros no aceptan la explotación del oro, entonces “no se gaste un centavo más en San Juan”. La declaración fue vista como un chantaje inaceptable, que condiciona derechos básicos y la inversión pública a la aceptación de un proyecto altamente cuestionado por sus posibles efectos ambientales.
Aunque Medina intentó matizar su postura hablando de estudios técnicos y sostenibilidad, el daño ya estaba hecho. Para muchos, sus palabras evidencian una desconexión total con la realidad social de la provincia y una visión centralista que desprecia la voluntad de sus habitantes.
Por su parte, Danny Alcántara no se quedó atrás. Su afirmación de que “el oro se va a explotar tarde o temprano” fue percibida como una imposición, un mensaje de inevitabilidad que ignora la lucha comunitaria y reduce el debate a un simple trámite técnico.
Lejos de generar confianza, sus declaraciones han sido vistas como una validación anticipada del proyecto minero, minimizando los riesgos ambientales y sociales que denuncian organizaciones comunitarias, ambientalistas y ciudadanos de a pie.
Ambos comunicadores coinciden en promover la necesidad de estudios técnicos, pero sus enfoques han sido criticados por colocar el desarrollo económico por encima de la protección de los recursos naturales y la salud de la población.
En San Juan, el mensaje es claro: no se trata solo de oro, se trata de agua, de vida y de futuro. Y cualquier discurso que parezca ignorar eso, será rechazado con firmeza.



