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RESUMEN
Santo Domingo.– Mientras el presidente Luis Abinader continúe abriendo las puertas de su gobierno a los mismos trepadores, oportunistas, arribistas y comerciantes del poder que han lastrado históricamente la política dominicana, el país seguirá profundizando su desencanto y su gestión corre el riesgo de quedar marcada por el desgaste prematuro y la frustración colectiva.
Diversos sectores políticos y sociales advierten que el poder no se pierde únicamente por actos de corrupción, sino también por rodearse de figuras recicladas, símbolos de un sistema que la ciudadanía creyó haber comenzado a desmontar con el triunfo del cambio. Gobernar con los mismos actores, bajo las mismas lógicas y prácticas del pasado, representa una contradicción directa con el discurso que llevó a Abinader al Palacio Nacional.
El decreto 1-26, mediante el cual el mandatario designa al doctor Jorge Subero Isa como Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, en sustitución de Antoliano Peralta Romero, quien pasa a ocupar el cargo de primer ministro de Justicia, ha reavivado las críticas sobre el rumbo que está tomando el gobierno en materia de designaciones.
Según analistas consultados por Sin Cortapisa, estas decisiones no solo generan cuestionamientos sobre la coherencia del proyecto político oficial, sino que también evidencian el desplazamiento de dirigentes y sectores que jugaron un papel clave en el ascenso al poder de Luis Rodolfo Abinader Corona y del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Más allá de los currículos y los títulos académicos, la interrogante central persiste: ¿representan estas designaciones un verdadero cambio o la continuidad maquillada del viejo esquema de poder? La ciudadanía no votó por un simple reordenamiento de nombres, sino por una ruptura real con la cultura del acomodo político y el reparto entre élites.
Desde Sin Cortapisa se advierte que ningún presidente termina bien cuando gobierna de espaldas al sentimiento popular. El cansancio social se acumula, la credibilidad se erosiona y la narrativa del cambio se desmorona cuando las acciones contradicen el discurso.
Aún existe margen para rectificar. Sin embargo, de persistir en el camino de las mismas prácticas y los mismos personajes, el paso del presidente Abinader por la Presidencia de la República podría ser recordado no por la transformación prometida, sino por una oportunidad histórica desperdiciada.
