GeneralOpinión

Los desplazados del poder no olvidan… y cuando cobran, nadie duerme


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Por: Nelson Fulcar Sánchez

Si yo fuera el presidente Luis Abinader, o un alto funcionario y dirigente del PRM que estuviera manejando presupuesto, habría dos nombres que no me dejarían dormir ahora que se acercan las elecciones: Lisandro Macarrulla y Roberto Fulcar. No por lo que dicen… sino por lo que callan.

El poder utiliza, desgasta y luego descarta. Y cuando eso ocurre con hombres que estuvieron en la cúspide y conocen las entrañas del sistema, lo que queda no es silencio… es memoria. Y la memoria en política es peligrosa.

Macarrulla hoy habla de traición. Fulcar, arquitecto de una victoria, observa desde fuera cómo se reparte lo que ayudó a construir. Y si hubo un armador clave del triunfo del PRM, tiene nombre: Roberto Fulcar.

Pero aquí está el punto clave: A ellos se les apartó en medio de cuestionamientos, mientras otros señalados o envueltos en escándalos han seguido ahí, protegidos o incluso premiados. Eso no se olvida.

Porque no es solo salir… es cómo se sale, por qué se sale y a quién se le aplica el rigor. Esa vara desigual es la semilla del resentimiento político.

Como advierte Robert Greene en su libro Las leyes de la naturaleza humana, el ser humano no olvida el desplazamiento. Y como dijo Nicolás Maquiavelo, no hay enemigo más peligroso que el que fue cercano al poder y luego es apartado.

Ese no hace ruido… actúa con precisión. No grita… calcula.
No expone… ejecuta. Mientras muchos creen que todo está bajo control, esos enemigos invisibles se mueven con bisturí.

El mayor error del poder no es enfrentar adversarios… es subestimar a quienes ayudaron a construirlo.

Porque cuando el poder olvida… el desplazado recuerda. Y cuando recuerda… pasa factura.

Botón volver arriba