
En Santo Domingo Oeste el Partido Revolucionario Moderno enfrenta una decisión clave: seguir atrapado en el continuismo de una dirección desgastada o apostar por una renovación real que conecte con la base. Y en ese escenario, la aspiración de Luis Popa a la Secretaría General no solo es legítima, es necesaria.
Porque hay que decirlo sin rodeos: la actual dirección del PRM en SDO luce agotada. Mucho control, poca conexión. Mucha estructura cerrada, pero escasa apertura a la militancia. Y peor aún, señales claras de que algunos pretenden quedarse a toda costa, como si el partido tuviera dueños.
El PRM no nació para eso. El PRM nació para romper con esas prácticas.
Mientras algunos se aferran al cargo, Luis Popa ha venido haciendo el trabajo que muchos dejaron de hacer: caminar los sectores, escuchar a la base, dar la cara y defender el proyecto de gobierno encabezado por Luis Abinader sin arrogancia, pero con firmeza.
Y eso incomoda.
Incomoda a quienes han convertido la Secretaría General en un espacio de control, en lugar de un instrumento de organización. Incomoda a los que le temen a una figura que no responde a los mismos intereses de siempre. Incomoda a quienes saben que el tiempo del “yo me quedo porque sí” se les está acabando.
La Secretaría General del PRM en Santo Domingo Oeste no puede seguir secuestrada por el continuismo. Ese cargo no es vitalicio, ni es una herencia política. Es una responsabilidad que debe responder a resultados, a liderazgo y a compromiso real con la militancia.
Luis Popa representa una oportunidad de oxigenar el partido, de devolverle dinamismo y de reconectar con una base que ha sido ignorada. No es perfecto, pero en este momento encarna algo que el PRM necesita con urgencia: renovación con sentido político.
La pregunta no es si Popa debe aspirar.
La verdadera pregunta es:
¿Puede el PRM en SDO darse el lujo de seguir igual?
Porque cuando un liderazgo se agota y aun así quiere quedarse, deja de ser una solución… y se convierte en el problema.



