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RESUMEN
Por: Federico A. Jovine Rijo.
Parafraseando a Leonel Fernández —tras la derrota del PLD del año 2000—, quien no sabe por qué ganó Manuel Jiménez no sabe por qué perdió. Su triunfo se debió, esencialmente, a que el PRM lo hizo su candidato, al efecto avalancha que barrió con la propuesta electoral oficialista, la división del PLD, la alianza coyuntural de Abinader con Fernández, la suspensión de las elecciones de febrero y el hartazgo social que se tradujo en votos… un coctel perfecto irrepetible.
Todas esas condiciones, sumadas al aura de verticalidad y honestidad que inspiraba el candidato, produjeron el resultado electoral logrado. Ahora bien, si desde el mismo día cero de ejercicio del gobierno municipal se actúa en desconocimiento de esa realidad y de espaldas a ella, lentamente se erosionan las bases de sustentación de cualquier proyecto reeleccionista.
Abinader, por ejemplo, se benefició de la misma suerte y, lejos de entender que el poder era maná del cielo que siempre llovería, se dedicó a construir un proyecto de partido desde el poder, lo que supuso alianzas con las élites, redefiniciones de prioridades reales vs. aspiraciones programáticas, acuerdos y cesiones con los grupos de poder intra-partido y muchos tragos amargos que tomar.
Manuel Jiménez, en cambio, se dedicó a realizar su programa aspiracional de gobierno municipal y, a lo interno, en esas ejecutorias se fue alejando de las bases y la dirigencia media del partido que lo llevó a la alcaldía. A lo externo, los comentarios sobre su desempeño en el aspecto de servicios básicos y recogida de basura nunca fueron buenos —por el contrario—, de tal suerte que la gente común no paraba de criticar el servicio de recogida de la basura y, en ningún momento esto era compensado con otros aspectos positivos de su gestión, como la adecuación de espacios públicos, mejores prácticas de transparencia en el manejo de recursos, etc.
Frente a la disyuntiva de sacrificar el muchacho ante el pedimento de algunos líderes, cual moderno Salomón el PRM decidió que las bases eligieran. Los resultados hablan de un desempeño desastroso en términos políticos: quedar en cuarto lugar con un 18.62%, que el segundo y tercer lugar sumen 46.1% y que el primero casi lo duplique (35.36%), anula la hipótesis de un complot partidario o de una decisión palaciega; de haber sido así, los votos se habrían repartido entre dos, no entre cuatro.
En buena liza, en SDE hubo primarias y las bases hablaron; y no, no hubo traición, simplemente la política recordó cuáles son sus reglas inmutables… y quien quiera creer otra cosa, está en su derecho.
