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RESUMEN
Por: Luis Medrano
Hago esta reflexión como un acto de reconocimiento a la verdad y al valor humano, allí donde los hechos hablan por sí solos.
En otras ocasiones, he destacado los aportes de grandes empresarios y políticos que han sido solidarios con el bienestar colectivo. Hoy, desde esa misma justicia, me corresponde resaltar la buena suerte de la República Dominicana de tener un presidente con un altísimo sentido de responsabilidad, visión y solidaridad.
Valorar la entrega de Luis Abinader es reconocer un esfuerzo inmenso por mejorar la calidad de vida de los dominicanos, especialmente de aquellos históricamente excluidos.
Querido amigo y Presidente Luis Abinader:
Desde que tengo uso de razón, me he pasado la vida entera recorriendo este país por completo; desde la ciudad más grande hasta el campo más pequeño, y desde el pueblo más progresista hasta los sectores más pobres.
Como un correcaminos que ha zafaconeado los cheles de día y de noche por cada rincón de nuestra tierra, soy testigo de que su visión de trabajo llega hoy hasta el campesino en el rincón más olvidado, ese que hoy siente que su Gobierno llega hasta su puerta para escuchar y actuar.
Una de sus mayores grandezas es su inmensa humildad; esa forma sencilla de estar atento a lo más mínimo y dispuesto a buscar una salida para cualquier ser humano que atraviese una situación difícil.
Usted ha demostrado que se puede ocupar la cúspide del poder sin perder la esencia, manteniendo la mano amiga extendida para resolver las angustias del prójimo. Es, ante todo, un hombre sensible que entiende que el poder es transitorio y que el buen servicio a favor de la nación es lo que prevalece.
Esa gran lucidez que lo guía es la presencia de Dios actuando desde su interior, permitiéndole ser un conductor de los destinos del país hacia una nación donde la prosperidad y el bienestar lleguen a todos.
Su amor por la patria, su profesionalidad, su prudencia y su respeto por la democracia y la libertad se han convertido en un legado único en un mundo convulsionado.
Usted es un obrero incansable que se entrega por completo, poniendo su salud y su tranquilidad al servicio de todos por el anhelo de una sociedad más justa.
Sé que este compromiso, que lo lleva incluso a renunciar a su sueldo, nace de una formación familiar profunda. Usted trabaja sin descanso para que, al retornar a casa, su esposa, sus hijas, sus hermanos y toda su familia sientan el orgullo de quien transita por el camino correcto.
Al final del trayecto, podrá sentir la satisfacción más profunda: su padre en el cielo estará orgulloso al ver que su hijo hizo realidad su sueño de una patria mejor, mientras su madre, que aún por la gracia y la bendición de Dios le acompaña junto a usted, es el testimonio vivo de su satisfacción por la formación que ella le dio y los valores con los que ella lo formó.
Por la gracia divina de Dios, usted es un hombre con una gran lucidez en la cual Dios mismo transita junto a usted hacia un país donde el bienestar no sea para unos pocos.
Por eso, usted va perfectamente bien; si hoy siente que están ladrando, es porque lo está haciendo de forma positiva y guiado por lo alto.
Esos ladridos son solo una señal de que su marcha va perfectamente, en la vía indicada y en la luz que Dios le va trazando.
Siga adelante con su pensamiento positivo, su gran fe y siendo cercano, trabajando por el bienestar colectivo, con esa luz que cada nuevo día desde el cielo lo guía.
