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Subestimaron al adversario equivocado…


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Por Claudio De los Santos

En política, como en la vida, hay errores que se pagan caros. Y uno de los más recurrentes es subestimar al adversario. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Alejandro Cruz.

Creyeron que lo habían sacado del juego. Pensaron que el tiempo, el desgaste y la presión serían suficientes para silenciarlo. Apostaron al olvido. Pero olvidaron algo fundamental: el tiempo cambió… y con él, también cambiaron las reglas del poder.

Hoy ya no tienen el control absoluto que antes ostentaban. Ya no pueden imponer narrativas sin resistencia. Y eso les duele. Les incomoda. Les desespera.

Porque Alejandro Cruz regresó. Y no lo hizo con miedo, ni con titubeos. Regresó con determinación, con voz propia y con la firme decisión de no callar.

Cuando no pueden desmontar la verdad, recurren al recurso más viejo y desgastado: ensuciar al que la dice. Intentan desacreditar, ridiculizar y atacar al mensajero, porque saben que no pueden enfrentar el mensaje.

Pero esta vez no les va a funcionar.

Alejandro Cruz no está jugando el mismo juego. No perderá tiempo respondiendo a figuras irrelevantes ni a voceros improvisados. Su respuesta es clara: no le habla a los payasos… le habla directamente al dueño del circo. Y no es un caso aislado.

Lo mismo ocurre con Rolando Espinal. Lo atacan, lo señalan, lo intentan deslegitimar… pero no lo desmienten. Y eso dice más que cualquier discurso.

Porque cuando no hay argumentos, lo único que queda es el ruido.

La fórmula es conocida: destruir al mensajero cuando no se puede refutar el mensaje. Es una táctica cobarde, pero común en escenarios donde la verdad comienza a abrirse paso.

Como advirtió Nicolás Maquiavelo:

“Un ejército de ovejas dirigido por un león es más temible que uno de leones dirigido por una oveja”.

Y parece que, esta vez, eligieron mal a quién enfrentar.

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