
Analizando noticia con IA…espere un momento
RESUMEN
Por: Juan Salazar
Luego de evaluar una nota periodística preparada sobre un recuento de suicidios recientes cometidos por niños y adolescentes, le sugerí al subdirector de Listín Diario, Fabio Cabral, que la información no fuera publicada.
Ambos llegamos a la conclusión que era mayor el daño que podría causar la información que el efecto periodístico procurado: Llamar la atención de las autoridades y la sociedad en general ante una preocupante realidad que requiere mayor atención. Encontramos también la receptividad del director del periódico, Miguel Franjul, quien siempre atento al tratamiento apropiado de temas tan sensibles, estuvo de acuerdo en vetar la nota.
La semana pasada también vi una noticia sobre suicidio publicada por el periódico Diario Libre y lo primero que ofrecía al lector era una entradilla con la información de que existen números telefónicos disponibles para obtener ayuda en caso de una persona padecer depresión, ansiedad o cualquier otro trastorno mental.
Las dos situaciones expuestas son ejemplos muy alentadores respecto al manejo consciente que deberían dar los medios de comunicación a las noticias sobre suicidios, la tercera causa de muertes en el país cada año, solo por debajo de los accidentes de tránsito y los homicidios.
El suicidio es también la tercera causa de decesos entre los jóvenes de 20 a 24 años en las Américas y las personas de 45 a 59 años tienen la tasa más alta de la región, seguidas por las de 70 años o más.
En República Dominicana, para el año 2020, la tasa de suicidios se sitúo en 6.3 por cada 100,000 habitantes y en el año 2021 se elevó a 7.1.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) reconocen la importancia de reducir los casos de suicidio y los problemas de salud mental que los provocan, especialmente entre niños y adolescentes.
En esa tarea los medios de comunicación juegan un rol esencial, pero, lamentablemente, en la mayoría de los casos no se observa un tratamiento adecuado de esas noticias, especialmente en los periódicos online, y en los contenidos que se preparan para las redes sociales.
En abril pasado lo vimos con el suicidio de una profesora oriunda de San Cristóbal y la semana pasada con un niño de 12 años, residente en Villa Mella, del municipio Santo Domingo Norte.
Las noticias publicadas en algunos medios y en sus redes sociales tenían las fotografías de las víctimas y, en el primer caso, acompañada de un dibujo para hacer alusión al método que utilizó la educadora para quitarse la vida.
En la información sobre el niño fue mucho más grave, porque se revelaron detalles de las motivaciones que tuvo para llegar a un desenlace que llena de tanto dolor, tan solo imaginarlo.
Algunos estudios con bastante rigor científico ya han demostrado la incidencia de las noticias publicadas por los medios de comunicación en los pensamientos e ideas suicidas.
Las informaciones difundidas pueden dar lugar a comportamientos suicidas por imitación, especialmente si están involucradas celebridades admiradas hasta el frenesí por algunos niños y adolescentes.
De ahí que se recomienda no divulgar el método utilizado, las motivaciones, contenido de mensajes dejados por las víctimas y cualquier otro detalle que pueda convertirse en un estímulo para personas con pensamientos suicidas.
También no usar imágenes de las víctimas ni vídeos del suceso, evitar los títulos sensacionalistas y el lenguaje que normalice el suicidio o que lo presente como una salida a los problemas.
Quizás algunos pensarán que una información sin esos elementos estaría incompleta, pero los medios deben ir acostumbrando a sus lectores a prescindir de esos detalles, como ha ocurrido con la Ley 136-03 que crea el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes.
Recordemos que en su artículo 26 consagra el derecho a la protección de la imagen de los menores de edad y, por tanto, prohíbe disponer o divulgar, a través de cualquier medio, la imagen y datos de niños, niñas y adolescentes en forma que puedan afectar su desarrollo físico, moral, psicológico e intelectual, así como su honor y su reputación.
En el caso del suicidio de un menor de edad, un daño colateral impacta a los familiares a quienes se aumenta el dolor causado por una muerte inesperada, exponiendo el suceso con todos sus pormenores.
Trabajos periodísticos más beneficiosos en el tratamiento del tema serían historias sobre personas que han enfrentado con éxito trastornos mentales, como depresión y la ansiedad, debido a circunstancias adversas de la vida.
O con un perfil educativo y orientador, para que las personas del entorno familiar o laboral puedan identificar las señales de un potencial suicida y dotarlas de las herramientas que les permitan brindar apoyo.
Los medios pueden aportar, además, insistiendo en la necesidad de que se adopten políticas públicas y programas de salud –obviamente con un mayor presupuesto- orientados a la prevención del suicidio y a la promoción de la salud mental.
Con ese aporte de los medios, las notas periodísticas sobre suicidios dejarían de ser un factor de riesgo y se convertirían en un valioso instrumento de prevención.
