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RESUMEN
En la República Dominicana hay algo más peligroso que la corrupción: la justicia selectiva. Ese veneno silencioso que no solo castiga el delito, sino que también mide a quién se le aplica la ley con mano dura… y a quién se le abre la puerta de salida.
El caso de Mimilo Jiménez, señalado por el desfalco de miles de millones de pesos del erario, es un símbolo doloroso de ese privilegio que protege a los poderosos. Según denuncias, tras devolver una parte de lo sustraído, la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción. Administrativa (PEPCA) lo envió tranquilamente a su casa. Un mensaje peligroso: robe en grande, negocie después.
En contraste, el fiscal Aurelio Valdez un funcionario de menor rango ha sido detenido y procesado por supuestamente recibir unos US$10,000 en soborno, en medio de una situación personal crítica, intentando resolver problemas de salud de sus padres y su propia realidad existencial. No justificamos el delito. Pero sí cuestionamos el trato desigual. Aquí no se trata de defender corruptos. Se trata de defender la justicia.
Si la ley es negociable para unos, también debe serlo para otros. Si existe la figura de acuerdos, devoluciones y reconocimientos de culpabilidad para los grandes saqueadores del Estado, ¿por qué no aplicar el mismo criterio en todos los niveles? ¿O es que la justicia dominicana tiene precio, categoría y apellido?
La PEPCA está llamada a ser ejemplo de coherencia, no instrumento de conveniencia. No puede haber una justicia complaciente para los de arriba y una justicia implacable, casi vengativa, para los de abajo. Eso no es Estado de derecho. Eso es distorsión institucional.
La Constitución es clara: todos somos iguales ante la ley. Pero en la práctica, esa igualdad parece convertirse en una ilusión cuando el poder y el dinero entran en juego.
La sociedad dominicana no aguanta más hipocresía judicial. O se aplica la ley con la misma vara para todos, o se seguirá erosionando la poca confianza que aún queda en las instituciones. Porque cuando la justicia pierde equilibrio… la democracia comienza a tambalearse.
