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EDITORIAL | Semana Santa 2026: Orden, autoridad y voluntad política que marcan la diferencia


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En medio de un país donde muchas veces el desorden ha querido imponerse como norma y la irresponsabilidad como cultura, las medidas adoptadas por el gobierno del presidente Luis Abinader durante la Semana Santa 2026 han demostrado que cuando hay voluntad política real, los resultados llegan.

No se trató de simples anuncios para la galería ni de operativos cosméticos. Esta vez hubo dirección, hubo firmeza y, sobre todo, hubo ejecución. Las acciones de control no solo se diseñaron: se aplicaron.

Los llamados “musicones” bajaron el volumen del caos, los colmadones y centros de bebidas entendieron el mensaje y tomaron precauciones, y la Policía Nacional bien orientada salió a cumplir su rol con mayor coherencia. Sí, como en todo operativo humano, hubo excepciones, pero no fueron la regla. Y eso, en República Dominicana, ya es un avance significativo.

Todo apunta a que las estadísticas de este asueto reflejarán una mejora palpable. Menos excesos, más control, mayor conciencia. Y eso no ocurre por casualidad: ocurre cuando desde el poder se envía una señal clara de que el orden no es negociable.

Porque imponer orden en un país donde abundan los intereses, las presiones políticas y una comunicación chatarra, muchas veces chantajista, no es tarea fácil. Requiere decisión, carácter y disposición de enfrentar críticas, campañas y distorsiones.

Y en este caso, hay que decirlo sin rodeos: el gobierno actuó.

La clave estuvo en el equilibrio. Se dio la orden de actuar, pero también de hacerlo con mesura. Ni permisividad irresponsable ni abuso de autoridad. Ese punto medio tan difícil de lograr fue, precisamente, el mayor acierto.

Cuando un gobierno logra que la autoridad se respete sin que se convierta en atropello, entonces comienza a construirse algo más importante que un simple operativo exitoso: se construye institucionalidad.

Semana Santa 2026 deja una lección clara: el país puede funcionar mejor cuando hay dirección firme desde el Estado. El desafío ahora es sostener esa misma determinación más allá de los días de asueto.

Porque el orden no debe ser una excepción de temporada… debe convertirse en la regla permanente de la nación.

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