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EDITORIAL | Una nueva Policía Nacional económica sin vocación ni principio…

Por: Salvador Holguín, diciendo lo que otros callan


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Algo grave está ocurriendo dentro de la Policía Nacional, y quienes aman esa institución tienen la obligación moral de decirlo. La llamada reforma policial, que prometía fortalecer la disciplina, la vocación de servicio y la confianza ciudadana, parece estar produciendo el efecto contrario: está convirtiendo a la Policía en una institución donde el interés económico pesa más que el compromiso con la patria.

La señal más preocupante es que muchos agentes ya no preguntan cómo servir mejor, cómo cumplir su misión o cómo enfrentar la delincuencia. Lo primero que preguntan es cuánto van a ganar. Cuando un policía es trasladado a una nueva posición y, antes incluso de presentarse a trabajar, lo primero que le interesa es conocer el salario y los beneficios económicos, estamos ante una realidad alarmante.

La Policía Nacional fue concebida para servir, proteger y defender a la sociedad. Su esencia siempre estuvo fundamentada en la disciplina, el sacrificio, el honor, la obediencia y el amor a la institución. Sin embargo, cuando el dinero se convierte en la principal motivación para vestir el uniforme, se corre el riesgo de destruir los valores que durante décadas sostuvieron el cuerpo del orden.

Nadie discute que los policías merecen mejores salarios, condiciones dignas y beneficios justos. Eso es correcto y necesario. Pero una cosa es mejorar la calidad de vida de los agentes y otra muy distinta es crear una cultura donde la vocación quede relegada a un segundo plano.

Una institución armada no puede sostenerse únicamente sobre incentivos económicos. Necesita hombres y mujeres comprometidos con la ley, con la patria y con el deber. Cuando desaparecen el respeto, la disciplina, la lealtad y el sentido de pertenencia, comienza el deterioro institucional.

La reforma policial debía fortalecer el espíritu policial, no debilitarlo. Debía formar servidores públicos ejemplares, no empleados interesados exclusivamente en beneficios económicos. Si no se corrige el rumbo, la Policía Nacional corre el riesgo de perder su identidad y convertirse en una institución donde la vocación sea sustituida por la conveniencia.

Y cuando una institución pierde su esencia, recuperar su grandeza se convierte en una tarea mucho más difícil.

 

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