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RESUMEN
Santo Domingo.- República Dominicana tiene ante sí la oportunidad de transformar su creciente conectividad logística en una plataforma capaz de generar mayor inversión, producción, exportaciones y servicios, en momentos en que las disrupciones del comercio mundial están modificando la manera en que empresas y países compiten.
Para Ilsa Michelén, con dos décadas de experiencia en la actividad logística y pasada presidenta de la Asociación Dominicana de Agentes de Transporte Aéreo y Marítimo (ADACAM), el próximo desafío dominicano no consiste únicamente en movilizar más carga, sino en lograr que una mayor proporción de las cadenas internacionales de suministro encuentre en el país condiciones competitivas para operar.
Michelén resume esa visión como el tránsito “de país conectado a país conector”: aprovechar la posición geográfica y la infraestructura existente para agregar servicios y convertir el movimiento internacional de mercancías en mayor actividad económica para República Dominicana.
“Un país puede estar perfectamente situado en el mapa y permanecer al margen de las grandes cadenas de suministro. La verdadera ventaja aparece cuando a la geografía le agregamos infraestructura, puertos, aeropuertos, conectividad, procesos aduaneros eficientes, zonas francas, tecnología, capital humano, seguridad, marco legal y empresas capaces de integrar esas piezas y convertirlas en soluciones”, sostiene.
Las reflexiones de Michelén se producen al cumplirse los 20 años de GLOTRANS, empresa que dirige y cuya trayectoria ha acompañado parte de la transformación del sector. Durante ese período ha movilizado 50,000 TEU, 290,000 toneladas y 650,000 metros cúbicos de carga, evolucionando desde el transporte internacional hacia servicios de gestión aduanal, almacenamiento, courier, paquetería, proyectos logísticos y última milla, con operaciones en República Dominicana, México y Miami.
La logística gana peso en la economía
Para la ejecutiva, esto adquiere relevancia a raíz de un estudio que destaca su impacto estableciendo que sus efectos directos e indirectos representaron 3.14 % del producto interno bruto en 2023, mientras que entre 2012 y 2023 el empleo directo relacionado con el sector aumentó más de 138 %.
“La logística dejó de ser solamente una consecuencia del crecimiento dominicano. Está comenzando a convertirse en una de sus causas”.
Ese cambio también está modificando lo que empresas y mercados demandan de un operador logístico. Alteraciones de rutas, retrasos, cambios regulatorios y otras disrupciones internacionales han convertido la trazabilidad, la información oportuna y la capacidad de respuesta en componentes cada vez más relevantes de la competitividad.
Competir también significa generar certidumbre
Michelén sostiene que el cliente logístico ya no compra solamente transporte; compra certidumbre. No entendida como la garantía de que nada cambiará, sino como la capacidad de conocer oportunamente qué ocurre con una operación, anticipar alternativas y actuar antes de que una incidencia logística se convierta en un problema productivo, comercial o financiero.
“Nuestra promesa nunca ha sido que el mundo será predecible. Nuestra promesa ha sido estar presentes cuando no lo sea”.
En ese escenario, la tecnología permite rastrear, automatizar procesos y disponer de información en tiempo real, pero la ejecutiva considera que la experiencia, el criterio y la ética continúan siendo determinantes para convertir esa información en decisiones y soluciones.
Michelén considera, sin embargo, que la oportunidad de mayor alcance trasciende las cifras de una empresa o el volumen de mercancías que atraviesa el territorio nacional.
El desafío consiste en lograr que infraestructura, conectividad, aduanas, tecnología, seguridad, capital humano, zonas francas y operadores privados funcionen como partes de un mismo ecosistema competitivo.
“La oportunidad mayor consiste en lograr que cada vez más empresas encuentren razones económicas para operar desde República Dominicana”.
Ese tránsito de recibir mercancías a generar valor alrededor de ellas marca, para Michelén, la diferencia entre estar conectados con el mundo y convertirse verdaderamente en un país conector.
