
Analizando noticia con IA…espere un momento
RESUMEN
Por: Julián Padilla
El camino institucional a tiempo Julián Padilla En los países, gobiernos, en las empresas, en las entidades y esto incluye la familia, existe lo que se conoce el macro entorno. Es decir, una serie de variables y realidades que no controlamos pues dependen de decisiones ajenas, o de eventos fortuitos que escapan a nuestro control y que nos impiden avanzar a nuestras metas y propósitos.
El Covid19 es una variable que atenta contra la humanidad. Y ciertamente nadie estaba preparado. Y afecta a todo el globo terráqueo: países, gobiernos, continentes, regiones, empresas, entidades, familias, personas.
Conversaba en el día de ayer de manera virtual con un dilecto amigo, por demás excelente comunicador y periodista. Y analizábamos la situación electoral y política del país, en medio de esta crisis sanitaria, con tendencia a humanitaria y que no puede soslayar la realidad política del país y crisis subyacente.
Inicialmente le comentaba de nuestra propuesta sobre modificar la constitución como algo necesario tener previsto y atacar con tiempo, si dentro de los escenarios posibles del país, es que no se puedan celebrar elecciones en el mes de Julio del presente año.
Si no se pueden celebrar estas elecciones, aunque se apuesta a ello, pues la JCE ya ordeno la impresión de boletas. Entendemos que es muy posible que estas elecciones deban ser nuevamente movidas de fecha.
Acordábamos que nuestro análisis adelantado de hace ya varias semanas, implicaba la visión correcta en el caso de llegar al 16 de agosto sin elecciones, y que se produciría un vacío institucional, ya que no es aplicable el artículo 129 de la constitución. Pues no habría a quien sustituir al término de un mandato.
Y que un camino era habilitar con un párrafo transitorio en ese preciso artículo, al presidente de la SCJ para que pueda fungir como presidente de la república por tres meses consecutivos.
En otro artículo hablábamos de dos caminos, y el otro era la modificación de la constitución para establecer los temas relacionados con un gobierno provisional. Lo que haría a nuestro entender un camino más espinoso, por la necesidad de que los partidos políticos se pongan de acuerdo en más de un elemento de poder.
Agregaba mi dilecto amigo: ¨un acuerdo que como quiera se verá en las representaciones en el congreso al momento de votar las mociones¨.
Otro camino que se suma a esto y que seguramente no tendrá el respaldo de los partidos de oposición es modificar la constitución para extender el mandato del presidente de la república y del congreso por lo que resta de año, concluyendo con la toma de posesión de un nuevo mandato y un nuevo congreso y montando las elecciones evidentemente antes.
Una parte importante que discutimos y en lo cual estuvimos de acuerdo, es que el camino seguido en febrero fue un mal precedente. No era posible legamente modificar la fecha de esas elecciones fallidas, sin el respaldo de la legalidad. Que incluso se puede aducir ilegitimo ese proceso, si se busca la referencia constitucional. Aunque el sentido práctico diera la razón a las decisiones tomadas.
Que sería un nuevo mal precedente y además un riesgo muy alto para la gobernabilidad, pretender repetir el uso de este método usado en febrero, mediante el dialogo o cumbre de partidos, para acordar que hacer si las elecciones no pueden celebrarse antes del 16 de agosto. Discutirlo no está mal. Pero imponerlo sin modificar la constitución si lo seria.
Evidentemente que el camino institucional es el correcto. Y es totalmente institucional utilizar los mecanismos que establece la propia constitución (si lo hacemos con tiempo), para realizar los ajustes necesarios y dar respuesta a esta realidad que vive el país, con una crisis sanitaria que no luce estará controlada antes de terminar el mes de julio.
Vimos que los intereses y conveniencias políticas implican en el momento, se sitúan por encima del interés nacional, que por ejemplo para el partido de gobierno y para uno de los partidos de oposición de importante participación en la simpatía del pueblo, es prologar lo más posible la celebración de las elecciones, mientras que, para otro partido político, que estas se realicen cuanto antes.
Debajo de toda esta lucha bizantina de poder esta la realidad de un pueblo dominicano expuesto, que sufre y llora a sus muertos. Y que siente mucho temor por el futuro inmediato, ante una realidad que ya se conocía: no tenemos suficientes camas ni suficientes respiradores, ni suficientes médicos, ni suficientes vacunas, ni suficientes alimentos ni recursos, para mantener mucho más tiempo a la gente en su casa.
Si esta crisis sanitaria se sale de control, nuestro luto seria enorme en nuestra amada Quisqueya.
Pues, así como gracias a esta misma lucha, se validó lo ilegitimo de las elecciones municipales, y se montaron con el auspicio de todos los partidos, a pesar de que estábamos en medio de una pandemia que ha dejado sus estragos en el mundo político nuestro. Muchos contagiados, algunos hicieron gravedad y hasta alguna persona fallecida. Asi mismo, tendríamos un altísimo riesgo de contagio y mucho más muertos en nuestra historia.
En ese momento aun no teníamos el número de muertos que tenemos hoy. Y tampoco el número creciente de contagiados. Por lo que volver a insistir en unas elecciones esta vez presidenciales, con las pasiones que esto normalmente envuelve, seria nuevamente demostrar que nos interesa más el poder que el pueblo dominicano.
Dejando todo esto consabido, insistimos que el camino institucional lo tenemos a mano. Que no hagamos como el avestruz para no ver lo que no nos conviene.
Que no es necesario seguir huyendo a la realidad de este potencial escenario de no elecciones antes del 16 de agosto.
Y entonces de manera pro activa, responsable, sin excusas, ni culpables, abocarnos a una modificación a la constitución inmediata.
Una modificación, como decía mi dilecto interlocutor, donde podamos incluso, aprendiendo de estas nuevas experiencias, dejar cosas asentadas ante imprevistos que pudieran estar fuera de nuestro control en el futuro.
Podríamos tener incluso hasta un terremoto, que Dios no lo quiera, y entonces si tenemos la previsión con esta experiencia estar cubiertos adecuadamente con un camino ya institucionalizado de manera constitucional.
