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RESUMEN
Santo Domingo.- La endometriosis es una enfermedad en la que el endometrio crece en lugares fuera del útero, generalmente en otros órganos pélvicos como los ovarios, las trompas de Falopio y los tejidos que rodean o sostienen el útero. Es muy poco común que ocurra en órganos fuera de pelvis, pero puede suceder, siendo los intestinos y la vejiga los que más “habitualmente” lo sufren.
Sea como sea, la endometriosis se desarrolla cuando el tejido de revestimiento del útero crece fuera de este, provocando la aparición de parches, nódulos, implantes o lesiones en los órganos que hemos comentado.
Para ponernos en contexto, el útero (también conocido como matriz) es el órgano donde se desarrolla el embrión cuando la mujer está embarazada. Y el endometrio es el tejido mucoso que recubre el interior de este útero con la importantísima función de recibir el óvulo fecundado después de la fecundación y permitir su implantación en el útero.
Es un tejido altamente especializado y único del útero, por lo que no está diseñado para crecer en otros órganos. Por ello, ante un caso de endometriosis, la presencia de esta membrana mucosa en lugares fuera del útero puede acarrear problemas que, en ocasiones, llegan a ser graves. Y es que con cada ciclo menstrual, al igual que lo hace el del útero, se engrosa, se descompone y sangra. Pero como no tiene manera de salir del cuerpo, el tejido queda atrapado.
El crecimiento de endometrio (técnicamente es un tejido similar, pero no es exactamente endometrio) en órganos fuera del útero afecta directamente a la salud del sistema reproductor femenino, provocando sangrados, dolor, fatiga, náuseas e incluso complicaciones graves como la esterilidad (problemas para quedarse embarazada) y el cáncer de ovario.
Además, las causas de su desarrollo no están demasiado claras, pues, como veremos, entran en juego factores genéticos, hormonales y de estilo de vida. Afortunadamente, a día de hoy existen distintos tratamientos eficaces disponibles.
Causas
Como acabamos de comentar, las causas de la endometriosis no están demasiado claras. Lo que sí sabemos es que es una patología común, pues las estimaciones estadísticas apuntan a que hasta el 10% de las mujeres en edad reproductiva pueden desarrollarla, aunque no suele diagnosticarse hasta los 25-35 años.
Se cree que la mayoría de casos de endometriosis se deben a una de las siguientes situaciones (pero las causas de ellas tampoco suelen estar claras, así que seguimos en las mismas):
- Menstruación retrógrada: Se trata de una situación en la que parte de la sangre menstrual (que contiene células del endometrio) no es expulsada, sino que regresa hacia la cavidad pélvica. Una vez ahí, las células del endometrio pueden adherirse a algún órgano y empezar a crecer. La mayoría de casos son debidos a esta menstruación retrógrada.
- Alteraciones hormonales: Por motivos que se desconocen, para ser que, en ocasiones, unos desajustes en las hormonas sexuales femeninas inducen que las células de los órganos pélvicos distintos al útero alteren su fisiología y se conviertan en células similares a las del endometrio. Es decir, las hormonas pueden transformar unos tejidos normales en tejidos parecidos a los que hay en el útero.
- Circulación de células endometriales: Se cree que, en determinadas ocasiones, las células endometriales pueden llegar a implantarse en otros órganos pélvicos a través de la circulación sanguínea o linfática. Es decir, las células endometriales llegan a órganos extrauterinos pero no a partir de una menstruación retrógrada, sino viajando directamente a través de los vasos sanguíneos o linfáticos.
- Trastornos inmunitarios: Paralelamente, se cree que los casos de endometriosis se deben también a defectos en el sistema inmunitario. Y es que si este estuviera en buen estado, las células inmunes atacarían y destruirían el tejido endometrial si este creciera en un lugar incorrecto.
Estas son las principales causas, aunque como ya hemos comentado, los motivos de aparición de cada una de ellas no están claros, de ahí que, en conjunto, las causas de la endometriosis sean un misterio. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que existen distintos factores de riesgo.
Es decir, hay situaciones que, pese a no saber si guardan una relación de causalidad, estadísticamente han demostrado que incrementan las probabilidades de presentar endometriosis: tener ciclos menstruales cortos, tener antecedentes familiares (parece ser que hay un cierto porcentaje de heredabilidad), no haber tenido hijos, haber empezado la menstruación a una edad temprana, tener periodos menstruales largos (más de 7 días), tener periodos menstruales intensos, tener un peso corporal bajo, sufrir alguna anomalía congénita en el sistema reproductor, tener niveles altos de estrógenos, haber pasado por la menopausia a una edad avanzada, sufrir problemas que impiden un flujo de sangre normal.
Síntomas
Con la endometriosis, un tejido similar al endometrio crece en órganos pélvicos, generalmente los ovarios y las trompas de Falopio. Este tejido reacciona a las hormonas de los ovarios, aumentando de tamaño y sangrando con cada ciclo menstrual.
Pero como los órganos que albergan estos crecimientos no están preparados para ello, aparecen síntomas. Además, como el tejido que sangra no puede salir del cuerpo, queda atrapado, cosa que puede dar pie a complicaciones que después comentaremos.
Sea como sea, el principal síntoma es el dolor pélvico generalmente vinculado a los dolores menstruales, aunque mucho peor de lo habitual. En este sentido, los signos clínicos de la endometriosis incluyen: períodos menstruales dolorosos (son más intensos, aparecen antes y marchan más tarde de lo normal), cólicos pélvicos, fatiga, diarrea, náuseas, estreñimiento, dolor al defecar, dolor al orinar, dolor durante las relaciones, sangrados excesivos durante los períodos menstruales, sangrados fuera del período menstrual, dolor en la parte baja de la espalda, etc.
Estos síntomas dependen de la zona en la que se desarrolla el crecimiento endometrial y de su abundancia y tamaño, pero suelen ser siempre los mismos, variando, eso sí, en intensidad. Ante cualquiera de estas señales, pues, es imprescindible acudir al médico, ya que además de que estos síntomas ya afectan a la calidad de vida, pueden derivar en complicaciones graves.
