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“Mini derrame” la antesala de un accidente cerebrovascular

Es posible tener un derrame cerebral o accidente cerebrovascular tan pequeño que ni el propio paciente lo perciba. Las personas suelen confundir esto con patologías menos graves, como un simple dolor de cabeza. Sin embargo, alrededor de una de cada tres personas en el mundo los ha sufrido, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estos “mini derrames” se denominan accidentes isquémicos transitorios (AIT), y ocurren cuando el suministro de sangre al cerebro se detiene por un instante y vuelve a la normalidad. De acuerdo con el informe de la OMS, estos son datos preocupantes, debido a que el 15 % de los ACV son antecedidos por un AIT.

Según la “Harvard Health Publications”, revista de medicina de la Universidad de Harvard, para entenderlo debemos separar sus palabras. Accidente: es decir, se trata de un evento aislado. Isquémico: sucede porque hay una obstrucción en el fluido sanguíneo. Transitorio: quiere decir que va a durar poco tiempo. Además, es necesario comprender que los síntomas que presenta son iguales a los de un derrame, por ende, debemos atenderlo como tal.

Síntomas de una persona que sufre un AIT. Adormecimiento de un lado de la cara: la persona sentirá que no puede mover algunos músculos. Debemos solicitarle que sonría para saber si la sonrisa está desnivelada; debilitamiento de brazos: los pacientes sienten que no tienen fuerza y no pueden levantar sus brazos; problemas en el habla: las personas no podrán hablar de forma fluida, las palabras saldrán lentamente y de forma confusa, y dolor de cabeza intenso y mareos.

Aunque se use el término “mini”, en realidad la gravedad no es pequeña. Según la Organización Mundial de la Salud, el 70% de los pacientes no presta atención y no logra reconocer que está sufriendo un AIT. Por ignorancia, y por no atender los síntomas, el 30 % retrasa más de 24 horas la consulta médica.

Los especialistas aseguran que los adultos jóvenes registran un mini derrame cerebral cuando consumen muchos cigarrillos o drogas, abusan del alcohol, padecen alguna malformación del corazón o enfermedad cardiaca (hipertensión), lesiones en la cabeza o cuello, así como padecimientos genéticos.

Hay otros factores que te hacen propenso, tales como: fibrilación auricular (tipo de arritmia), diabetes, tener antecedentes familiares de accidente cerebrovascular, colesterol alto, ser mayor de 55 años, el tabaquismo y tener enfermedades cardíacas en general o mala circulación en las piernas (várices).

Incluso el sedentarismo y el ritmo cardiaco irregular son factores de riesgo que pueden detonar el mini derrame cerebral.

No obstante, las cinco causas más comunes de un mini derrame cerebral son: el desprendimiento de un coágulo sanguíneo de la pared interna de una arteria, lo que bloquea el flujo de sangre al cerebro; cuando un coágulo se desprende el corazón y se va hacia el cerebro; el descenso de la presión sanguínea en el cerebro por el estrechamiento de las arterias; la presencia de enfermedades como anemia, policitemia, hiperviscosidad, diabetes o la inflamación de los vasos sanguíneos.

Aunque los síntomas desaparecen y no dejan daños notables, el mini derrame cerebral se considera como una llamada de atención de que se puede registrar un accidente cerebrovascular más grave.

Qué ocurre en los 10 años siguientes. Investigadores holandeses han realizado el seguimiento durante 10 años de casi 2.500 pacientes que sufrieron un AIT en una década. Se trataba de ver cuál es la mortalidad de estos sujetos, así como el riesgo de sufrir otro evento cardiovascular (un ictus o un infarto de miocardio) a partir de ese momento.

Los resultados son devastadores: nada menos que el 60% (1.489 pacientes) murió durante el seguimiento y el 54% (1.336) sufrió al menos un nuevo episodio vascular.

El mayor riesgo fue para los mayores de 65 años al padecer el primer AIT y para los diabéticos. De hecho, la posibilidad de tener un ictus, un infarto de miocardio u otro evento vascular en los 10 años siguientes a un AIT resultó ser del 44%.

La conclusión: los pacientes que han sufrido un AIT deben ser evaluados periódicamente durante los años siguientes dado al alto riesgo que tienen de sufrir problemas cardiovasculares graves e incluso mortales. El esfuerzo preventivo (controlar la tensión el azúcar y el colesterol, así como recibir fármacos antiplaquetarios del tipo de la aspirina) debe ser constante durante el resto de la vida del paciente.

Fuente: Periódico Hoy

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