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RESUMEN
Por: Javier Cabrera.
Por invitación de la Asociación de Regidores de República Dominicana —que agrupa a todos los concejales de ese país— viajaré a dictar una conferencia titulada “Ver y oír para ganar”, con una reflexión que vale la pena analizar.
En política solemos creer que para ganar basta con ver y oír. Pero en realidad lo que necesitamos es mirar y escuchar. Parece una diferencia semántica, pero en el fondo es profundamente conceptual.
Ver es un acto anatómico. Mirar implica detenerse, analizar y prestar atención a lo que tenemos enfrente. Lo mismo ocurre con oír y escuchar. Oír es una función anatómica; escuchar implica comprender y darle sentido a lo que el otro está diciendo.
Anand Giridharadas, autor del libro The Persuaders, plantea algo interesante: hoy la persuasión política depende menos de lo que el político dice y más de cómo se comporta frente a la ciudadanía. El ciudadano no vota por el político; el ciudadano vota por sí mismo, por aquello que siente que lo representa.
Por eso el político debe aprender a mirar y escuchar para entender y conectar con lo que realmente preocupa a la ciudadanía y también consigo mismo. Cuando lo hace empieza a descubrir aquello que le da sentido a su liderazgo: la razón profunda por la cual inspira y moviliza a otros. Su causa, que unida a dos elementos esenciales —la autenticidad y la humildad— genera algo poderoso: ser genuino.
El auténtico tiene valores y principios. El humilde reconoce errores, pide ayuda y se deja corregir. Pero el líder genuino incorpora esos valores y esa humildad a su forma de actuar, no como parte del discurso, sino como parte de su manera de ejercer la política.
Esto explica el éxito de líderes como Juan Daniel Oviedo en Colombia. Con un estilo distinto e incluso con limitaciones en su forma de expresión, ha logrado abrirse camino porque es genuino. Eso explica su votación, sostenida no solo en la estrategia sino en un liderazgo que actúa desde convicciones reales.
En él se observa al líder genuino: aquel que incorpora su causa, sus principios y la coherencia entre su pensamiento y su actuar cotidiano.
Por eso creo que nuestro papel como estrategas o consultores no es fabricar líderes artificiales ni construir estrategias o discursos vacíos. Es, además, ayudar al líder a detenerse, mirar y escuchar; comprender a la ciudadanía, entender su entorno y, sobre todo, encontrarse a sí mismo para descubrir su causa.
Cuando eso ocurre, el político fortalece su liderazgo y puede defender con firmeza sus principios y valores. Y entonces se proyecta ante la ciudadanía con algo mucho más poderoso que una estrategia electoral: El super poder de ser genuino.
